El señor McGregor acude al doctor Baker aquejándose de un dolor causado por un "maldito carbón" que requiere una punción. El doctor le indica que no podrá atenderlo inmediatamente debido a que tiene otro paciente, la viuda Fraser, pero se compromete a verlo a la mañana siguiente.
McGregor, a pesar de su dolencia, insiste en asistir a misa, pero el doctor le informa que no estará disponible para acompañarlo.