Eva Braun, protegida por un séquito de seguridad nazi, realizó numerosos viajes, especialmente en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Uno de sus destinos favoritos era el sur de Italia, donde disfrutaba de localidades balnearias en el mar Mediterráneo, a menudo en compañía de familiares y amigos.
Durante estas estancias, Braun pasaba horas al aire libre, explorando tanto el sur de Europa como el norte del continente. A su regreso al Berghof, la residencia de Hitler, era recibida con una fuerte custodia, y a menudo se esperaba que proporcionara información valiosa sobre lugares que el Führer planeaba invadir o controlar.