La familia Ingalls decide ayudar a los indios Lakota, ofreciéndoles comida y refugio a pesar de la hostilidad de algunos vecinos como McGregor, quien los acusa de ser "salvajes" y "ateos".
Laura, la hija de los Ingalls, se muestra curiosa y empática con los niños indígenas, a pesar de las advertencias de su padre sobre el peligro que representan.
McGregor y otros habitantes del pueblo amenazan con tomar represalias contra los indios si no se van, mientras que los Ingalls intentan mediar y proteger a sus huéspedes.