El 30% de los alimentos del planeta dependen de las abejas, polinizadoras esenciales. Sin embargo, químicos, pérdida de diversidad floral y parásitos las amenazan, provocando una crisis apícola grave en Estados Unidos, con una pérdida del 35% de colmenas en 2024.
Los apicultores enfrentan parásitos como el ácaro varroa, virus y mayor exposición a pesticidas. El cierre del Centro de Investigación Agrícola de Beltsville en 2025, ordenado por Donald Trump, agrava la situación al eliminar un pilar histórico en la investigación apícola.
Un reporte de 2024 sobre América Latina indica una pérdida anual del 30% de colmenas, situando a la región como la segunda más afectada globalmente. El uso de plaguicidas en monocultivos afecta la fisiología e inmunidad de las abejas, haciéndolas más susceptibles a patógenos.
La muerte de abejas impacta la seguridad alimentaria, ya que el 75% de los cultivos agrícolas depende de polinizadores. La polinización es crucial para la obtención de semillas y frutos. Existen caminos para ayudar, como políticas públicas de protección, regulación de químicos agrícolas y acciones domésticas como evitar insecticidas y promover la diversidad floral.