La familia de Agostina denuncia la ausencia del Estado en la búsqueda de la joven, contrastando con su propia activismo para dar con su paradero.
Se establece un paralelismo con el caso Micaela, donde el agresor, Sebastián Wagner, tenía antecedentes por violación, y se subraya la importancia de juzgar con perspectiva de género.
Se menciona que Claudio Barrelier, el principal sospechoso, también cuenta con antecedentes penales, incluyendo privación ilegítima de la libertad en contexto de violencia de género.
La familia ha pegado carteles con la foto de Agostina en postes de luz y cámaras de seguridad, a pesar de que la policía aún no había actuado de forma contundente.