Se observa a Melisa, madre de Agostina, sentada en las escaleras y visiblemente descompensada mientras es atendida. Su abuelo, Miguel, la sostiene, y ambos expresan la angustia por la prolongada desaparición de la niña.
La marcha por Agostina continúa, y la familia mantiene la esperanza de que la ciudad se movilice para dar con su paradero. La situación de Melisa refleja el profundo sufrimiento que atraviesa la familia.