Irán acusó a Estados Unidos de violar el alto el fuego tras ataques a posiciones en la provincia de Hormozgan, denunciando la "mala fe" de Washington en las negociaciones de paz.
A pesar de los ataques, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, considera que un acuerdo aún es posible. Sin embargo, las posiciones se mantienen enfrentadas, con demandas de EE.UU. e Israel sobre el programa nuclear iraní, la ausencia de "proxys" y el no enriquecimiento de uranio.
La situación se complica por la posible "bicefalia" en el liderazgo iraní (presidencia y cuerpo de los guardianes de la revolución), dificultando la toma de decisiones. Analistas muestran escepticismo ante los llamados a la calma, dada la persistencia del conflicto en el estrecho de Ormuz.
Tanto EE.UU. como Irán necesitan un acuerdo. Trump enfrenta presiones internas y elecciones "midterm", mientras que Irán sufre pérdidas económicas significativas (4 millones de empleos estimados) y necesita divisas. La resolución del programa nuclear iraní es crucial para cualquier avance.