Los filisteos, desesperados por la desgracia que traía el arca del Señor, la trasladaban de ciudad en ciudad, evitando tenerla cerca. Finalmente, el arca llegó a Ecrón, ciudad donde se adoraba a Dagos y a Belzebú, identificado como el dios de las moscas y representante de Satanás.
A pesar de las calamidades, los filisteos no adoptaron al Dios de los hebreos, sino que buscaron la ayuda de Belzebú. Se mencionó el caso del rey Ocosías, quien consultó a Belzebú tras una caída en lugar de al Dios de Israel, lo que provocó su muerte decretada por el ángel del Señor.