La familia de Agostina, una joven de 34 años con dos hijos que trabaja con ellos, se muestra desconcertada ante la posibilidad de un secuestro. No encuentran motivos aparentes para que alguien quisiera hacerle daño, ya que se consideran una familia trabajadora sin conflictos ni enemigos.
Agostina lleva una vida tranquila, sin salir de noche ni a fiestas, y siempre se maneja con su madre o abuelos. La familia no entiende por qué la tendrían como rehén y descarta la posibilidad de deudas pendientes.