La desaparición de menores genera desesperación en Argentina, sintiéndose la sociedad como si fuera un hijo propio. Se destaca que la tecnología ha dificultado los secuestros extorsivos, haciendo poco probable que una menor desaparecida permanezca cautiva sin ser detectada.
Se menciona que, a pesar de la búsqueda con vida, la hipótesis más dolorosa cobra fuerza. Se plantea la duda sobre la posibilidad de mantener secuestrada a una menor de 14 años en la Argentina actual, dada la rápida detección tecnológica.