Se acusa a Marcos Galperín de ser un evasor fiscal y de odiar a Argentina por vivir en Uruguay y pagar menos impuestos. Se le exige que se haga cargo y pague lo que corresponde, independientemente de dónde resida.
Se denuncia que tanto Galperín como otras grandes empresas se benefician de subsidios y exenciones fiscales en Argentina, mientras evaden impuestos personales. Se cuestiona la narrativa de que no cobrar impuestos a los ricos genera empleo, argumentando que esto solo beneficia a unos pocos y perpetúa la injusticia social.