Se cuestiona la actitud de los libertarios que votaron a Milei y luego se fueron del país, tildándolos de cínicos. Se critica que desde el exterior sigan apoyando al gobierno, a pesar de haber abandonado Argentina, y se califica esta postura como irritante.
Se sugiere que es fácil ser analista político o militante desde afuera, especialmente si se tienen ingresos en euros. Se descarta la posibilidad de que estas personas regresen al país, y se califica sus lágrimas como "asesoradas" o una "puesta en escena", dudando de su autenticidad.