Se reitera la importancia de que el sospechoso haya llevado a Agostina a su propia casa, su "zona de confort". Este territorio le permitía tener ventaja psicológica y ambiental, conociendo todos los detalles de la vivienda.
Sin embargo, esta decisión lo expone a que los investigadores encuentren rastros de la niña dentro de su hogar, como huellas, material genético o fibras de su ropa, lo que complica su situación.