Se analiza el perfil del principal sospechoso en la desaparición de Agostina, destacando su fanatismo por el "control interpersonal". Se prioriza el antecedente de privación ilegítima de la libertad sobre otros posibles delitos, al considerarlo clave para entender su accionar.
La conducta de llevar a la víctima a su "zona de confort", su casa, se interpreta como un intento de mantener el control, en lugar de una estrategia para despistar a la investigación.