En enero de 2017, Nabil Bakali, uno de los sicarios de Ridwan Taji, se entregó a la policía y accedió a colaborar. Bakali describió los métodos operativos de la organización y reveló el alias bajo el cual Taji impartía sus órdenes. Estos protocolos de interrogatorio se convirtieron en pruebas cruciales para la investigación que eventualmente conduciría al juicio de Marengo.
Mientras tanto, Taji continuaba dirigiendo sus operaciones desde Dubái, un refugio elegido por su discreción y exclusividad. La información proporcionada por Bakali fue fundamental para que las autoridades comenzaran a desentrañar la compleja estructura del imperio criminal de Taji.