Se narra la conmovedora historia de reencuentro entre Eduardo Carrera, ex participante de Gran Hermano, y su hija Mía, a quien no veía desde hacía 20 años.
Mía relata cómo creció sin la figura paterna, con su madre cumpliendo ambos roles. Si bien preguntó por su padre a los 15 años, nunca sintió la necesidad de conocerlo hasta que la situación mediática lo hizo inevitable.
La hija expresa que al ver a su padre entrar a Gran Hermano sintió shock, bronca y dolor por su falta de interés y por cómo él hizo que una parte de su historia "no existiera".
Eduardo, por su parte, alega que tras salir de Gran Hermano entró en una profunda depresión y que no tenía recursos económicos para acercarse a su hija. Sin embargo, se cuestiona su inacción durante 20 años.