Se predicó sobre la "bienaventuranza" de tener ojos que ven el favor de Dios, en contraste con aquellos que miran pero no ven debido a "ojos cegados".
Se enfatizó que ver con los ojos de Dios implica no deprimirse ante enfermedades o problemas económicos, familiares o de cualquier índole, sino percibir la bendición divina. La fe y una búsqueda incesante de Dios permiten ver lo que antes no se percibía, como el milagro o la bendición reposando en la vida.