Durante la época de prohibición del mate, quienes eran descubiertos tomándolo o cultivándolo recibían latigazos en plaza pública, lo que forzó un consumo clandestino.
Los devotos del mate debían ingeniárselas para secar las hojas sin hacer humo y consumirlo en secreto, utilizando recipientes y bombillas pequeñas, y cavando pozos para ocultar la evidencia ante la autoridad.
Esta persecución generó un fenómeno de "mate de contrabando" y métodos ingeniosos para mantener viva la tradición a pesar de las severas restricciones impuestas por las autoridades.