El segmento aborda la importancia de basar la vida en las escrituras en lugar de las cosmovisiones sociales, especialmente en lo referente a la sexualidad.
Se enfatiza que la santidad no es un conjunto de reglas, sino una nueva creación en Cristo, relacionada con el nuevo nacimiento y la comunión con el Espíritu Santo.
Se compara el deseo sexual con el deseo de comer, argumentando que el primero tiene trascendencia eterna, a diferencia del segundo que es temporal.
Se concluye que el comportamiento sexual tiene implicaciones eternas y que la cosmovisión social no debe ser el parámetro para regir la vida, sino la palabra de Dios.