Luciana relata la profunda crisis que vivió al iniciar el tratamiento en "Cuestión de Peso" debido al desapego de su hija menor, Lola, cuyo cumpleaños número 15 coincidió con su ingreso al programa.
Describe cómo, acostumbrada a estar siempre con su hija, la separación fue muy dura, pero destaca las palabras de aliento de Lola, quien entendió que el tratamiento era por el bienestar de su madre. A pesar de la dificultad, Luciana se aferra a la idea de ser un ejemplo para sus hijas.
Revela que su lucha contra la depresión y el sobrepeso la ha llevado a sentir vergüenza en el pasado. Sin embargo, ahora se enfoca en ser una madre sana y presente para sus tres hijas, transformando su experiencia para que ellas no vivan lo mismo.