Se relata la historia de un ex actor de Hollywood que ahora se dedica al ministerio infantil, interpretando a un héroe cristiano que vence villanos demoníacos.
El actor afirmó que no tiene un llamado especial ni pasión por trabajar con niños, pero que obedece a Dios. Explicó que la obediencia a Dios es más importante que los gustos personales y que al seguir la voluntad divina, alcanzó el éxito en su ministerio.
Se critica la idea de que Dios se interese por nuestros gustos o deseos, enfatizando que lo que a Dios le importa es nuestra obediencia. La historia sirve como ejemplo de que al obedecer a Dios en lo que Él pide, aunque no nos agrade, podemos ser instrumentos poderosos en sus manos.