Estados Unidos atacó instalaciones militares en el sur de Irán, específicamente en Bandar Abbas, desde donde operan drones iraníes. Según un funcionario estadounidense, se derribaron cuatro drones de ataque y se destruyó una estación de control terrestre. Este incidente se produce en un contexto de alta tensión y acusaciones mutuas entre ambos países sobre la violación del alto al fuego.
Irán condenó el ataque, calificándolo como una violación flagrante del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas, y advirtió que se defenderá. Por su parte, Estados Unidos asegura que sus acciones son defensivas para mantener el alto al fuego.
La situación se agrava con la disputa por el control del estrecho de Hormuz, una ruta marítima crucial para el comercio mundial de petróleo. Irán acusa a Estados Unidos de atacar buques que intentaban cruzarlo, mientras que Estados Unidos responde a las amenazas de drones iraníes.
Las repercusiones económicas de la guerra en Medio Oriente son significativas, con inversiones paralizadas y un fuerte impacto en la economía de los países del Golfo Pérsico, que buscan diversificar su dependencia del petróleo.