Eduardo reflexionó sobre su rol como padre de Mía, reconociendo su bloqueo emocional y la falta de responsabilidad económica y afectiva. Relató que ni siquiera tenía dinero para pagar una mediación.
A pesar de las dificultades, Eduardo expresó su deseo de conocer a su hija y a su hermano Martino, buscando construir un vínculo desde el amor y pidiendo perdón por su ausencia.
Romina, por su parte, afirmó que Eduardo nunca quiso ejercer su rol de padre y que Mía, a pesar del dolor, no guarda rencor y está dispuesta a conocer a su hermano.