Se denuncia que sectores gremiales y políticos utilizan a los jóvenes como "batallón de asalto" para esconder sus intereses detrás de la toma de colegios.
Se argumenta que los jóvenes, por ser inimputables, idealistas e inocentes, son manipulados por estos sectores para defender sus propias agendas, como paritarias, presupuestos y cajas.
Se cuestiona la representatividad de quienes convocan las asambleas y se compara con la firma de paritarias por parte de dirigentes sindicales sin consultar a los trabajadores.