Se argumenta que la mejor defensa de la universidad y las escuelas es mantenerlas en funcionamiento, en lugar de recurrir a huelgas que perjudican a la propia institución.
Se critica que las huelgas no afectan a figuras como el presidente Milei, sino que perjudican principalmente a los estudiantes y al sistema educativo en su conjunto.
Se considera que la forma de defender la universidad es a través de la actividad y el funcionamiento, no del cierre.