Se analiza el cambio en el consumo, pasando de una necesidad de comprar y cubrirse en el kirchnerismo a una competencia actual donde el que compra mal, vende mal.
Se advierte a los empresarios que, a pesar del dólar "planchado", deben invertir para el futuro y no usar los dólares para "salir a pasear". Se coincide en que el modelo anterior no era sostenible y que el asalariado siempre fue el único perjudicado por la inflación.