Se realizó una consagración del corazón a Dios, pidiendo un corazón generoso, íntegro y puro para administrar el dinero y la economía divina.
Se prometió obediencia a los mandatos y reglas de Dios para la bendición económica, incluyendo diezmos y primicias.
Se solicitó sabiduría para administrar tanto la escasez como la abundancia, preparándose para un tiempo de prosperidad económica sobrenatural, siempre y cuando no se le ponga estorbo a Dios.