El cierre del Estrecho de Hormuz genera una crisis humanitaria con impacto económico global, provocando inflación y afectando la distribución de petróleo.
Si bien beneficia tácticamente a Irán a corto plazo, a largo plazo carece del músculo financiero para sostenerlo. El cierre estrangula la principal fuente de ingresos de Irán y tensa relaciones con China, aunque Rusia y EE.UU. también facturan.