El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, atraviesa una profunda polarización y alta conflictividad social a seis meses de asumir el cargo. Su base de apoyo muestra fisuras, mientras intenta paliar la crisis económica con normativas para controlar el costo de vida y el precio de la gasolina, problema que resurge con largas filas de vehículos en los surtidores.
El respaldo principal de Paz proviene de sectores institucionales y de la clase media urbana que buscan un cambio tras 20 años del movimiento al socialismo. Las redes sociales también han manifestado su descontento, reclamando presencia en el gobierno. La corresponsal Tania Frank destaca que, a pesar de los esfuerzos, los problemas persisten y la situación social es tensa.