Se confrontan dos visiones sobre la universidad pública. Por un lado, se argumenta que la autonomía universitaria implica que la institución debe autofinanciarse y que los rectores tienen sueldos escandalosos, mientras que los docentes cobran menos que en universidades privadas. Se sostiene que los estudiantes que no rinden materias no generan costos significativos para la universidad.
Por otro lado, se defiende la calidad de la universidad pública argentina, que supera en promedio a la privada, a diferencia de la educación primaria y secundaria donde la clase media opta por la privada. Se argumenta que la universidad pública funciona y que el Estado no estafa a los ciudadanos al financiarla, a diferencia de otros niveles educativos.