Se reaviva el debate sobre la toma de colegios como método de protesta por la educación pública, con un cruce entre un estudiante y un periodista. El estudiante defiende la medida como una forma de visibilizar el deterioro educativo y la falta de cumplimiento de la ley de financiamiento universitario por parte del gobierno.
El periodista cuestiona la efectividad de la toma, argumentando que perjudica a los estudiantes y que la defensa de la educación pública debería darse a través del estudio y el trabajo. Se remonta a la Ley Federal de Educación de los años 90, recordando que en esa época también hubo marchas pero no tomas de escuelas.
El estudiante insiste en que la toma es necesaria para que el gobierno cumpla la ley y defiende la representatividad de la decisión tomada en asambleas. Se genera tensión al debatir si los estudiantes representan al trabajador y si la toma es la forma correcta de honrar la educación pública.