La fiebre por las figuritas del álbum del Mundial genera un fenómeno social que moviliza a niños y adultos. La colección se convierte en un ritual que implica ansiedad, espera, organización y negociación.
Especialistas explican que la dinámica de coleccionar y intercambiar figuritas activa emociones vinculadas al juego, la pertenencia y la socialización. Se establecen redes de intercambio y se aprenden habilidades de negociación, fortaleciendo vínculos sociales.
Más allá del valor monetario, las figuritas promueven el juego en un contexto no tecnológico, fomentando la interacción cara a cara y el desarrollo de habilidades sociales y mentales en los niños. La figura de Messi es una de las más buscadas y difíciles de conseguir.