Se realiza un acto de consagración de agua, presentándola a Dios como un elemento para sanar, liberar, bendecir y realizar milagros creativos. Se agradece la presencia de Dios y la confirmación de su palabra a través de la fe.
Se instruye a los presentes a beber el agua consagrada para ser libres, ordenando la salida de toda enfermedad, dolencia, opresión y mal en el nombre de Jesucristo.