Un contacto anónimo le informa a Uriel que la camioneta en cuestión era de Carlos pero estaba a nombre de otra persona, un testaferro. Le proporciona el teléfono de este supuesto dueño y la dirección de un galpón en Vicente López donde podría estar la documentación.
Este relato explicaría las demoras y problemas con los papeles de la camioneta, sugiriendo que la concesionaria operaba con vehículos cuya titularidad no estaba clara, lo que generaría múltiples conflictos legales.