Se aborda la preocupación genuina de actores y actrices por ser reemplazados por inteligencia artificial. Se menciona que Scarlett Johansson, Rihanna y otras figuras ya tienen contratos preventivos para proteger su imagen y voz.
Estos contratos buscan asegurar que se les pague por el uso de su imagen y voz, estableciendo que la tecnología no puede justificar el robo de derechos y que el actor debe ser real para que el público sepa quién dice o hace algo.