En Avellaneda se organizó un homenaje a los vecinos con la creación de un sándwich de 700 metros. Diversos comerciantes aportaron para la iniciativa que buscaba que todos pudieran comer un pedazo. Sin embargo, antes de que la ceremonia comenzara oficialmente, algunas personas se adelantaron y comenzaron a robar porciones del sándwich, generando malestar entre los organizadores y asistentes.
Este incidente empañó la celebración, que inicialmente prometía ser un evento festivo y comunitario. La situación fue calificada como un acto de desubicación y falta de respeto hacia el esfuerzo colectivo.