El complejo panorama internacional se ve marcado por la multiplicidad de actores y discursos contrapuestos en el conflicto del Golfo Pérsico, dificultando una solución. En este escenario, Pakistán emerge como un actor clave en las negociaciones y diálogos.
El ministro de defensa pakistaní rechazó unirse a los acuerdos de Abraham, propuestos por Donald Trump para normalizar relaciones, argumentando que entrarían en conflicto con sus ideologías fundamentales. Cuestionó la confianza que se puede tener en ciertas partes, señalando la dificultad de negociar con quienes no cumplen sus compromisos.
La desconfianza, las presiones y el temor a ser traicionados son el marco de la situación actual, mientras la guerra continúa.