La convivencia en Gran Hermano se ve marcada por estrategias y polémicas, especialmente en lo que respecta a las compras y la organización de las comidas.
Eduardo generó controversia al realizar compras consideradas ineficientes por sus compañeros, quienes sospechan que lo hizo a propósito para desestabilizar al grupo. La dinámica de las pizarras y los tiempos limitados para realizar las compras en el supermercado se convirtieron en un punto de fricción.
Las discusiones sobre la cantidad de productos y la forma de utilizarlos evidencian las tensiones dentro de la casa, donde cada acción es analizada y puede generar conflictos entre los participantes. La estrategia de "jugar con la comida" parece haber repercutido en el propio Eduardo.