Se analiza la aparente "convivencia" del presidente Javier Milei con el caos y la anarquía, reflejada en su equipo de gobierno y en su propia teoría del anarcocapitalismo. Se sugiere que Milei no frena la anarquía, sino que la utiliza como una forma de control, siendo él mismo un "ingeniero del caos".
Se describe la profunda enemistad entre las dos facciones del gobierno, que Milei no puede controlar pero tampoco quiere perder. El objetivo sería pasar de un estado de "guerra" a uno de "paz" sin vencedores ni vencidos, buscando mantener a todos sus integrantes de confianza.
Se menciona que este ejercicio de control del caos se da en las semanas previas al Mundial, que funcionaría como un "recreo" para la política, permitiendo al gobierno reordenar o homogeneizar al equipo. El presidente considera la economía como su principal herramienta política y busca enfocarse en ella.