Diango, a sus 56 años (corrigiendo una confusión inicial con 86), reflexiona sobre el paso del tiempo y los cambios que trae la vejez, reconociendo que el cuerpo ya no responde como antes y que ciertas actividades se vuelven difíciles.
Acepta con sinceridad las limitaciones físicas, pero enfatiza que la vida sigue y que uno debe adaptarse a las épocas. A pesar de las dificultades, considera que la otra opción (morirse) es "mucho peor".