Diango describe la prolongada miseria en España tras la Guerra Civil, que duró cerca de 20 años, y la represión ejercida durante la dictadura de Franco, que incluyó la prohibición del idioma catalán.
Relata cómo en los colegios se castigaba a los niños por hablar catalán, a pesar de ser el idioma de su casa y su entorno. Menciona la escasez de alimentos, como el pan negro racionado, y cómo el pan blanco era un tesoro. A pesar de las dificultades, recuerda haber sido feliz en la calle, jugando al fútbol con pocos coches circulando.