Diango relata detalles de su infancia en la Barcelona de posguerra, marcada por la pobreza y el hambre. Menciona a su madre, Agustina, como una figura fundamental que lo acompañaba a comprar alimentos de estraperlo (en negro) y que incluso fue llevada a la cárcel por una tontería.
A pesar de la miseria, su madre le enseñó a cantar, introduciéndolo al mundo del tango, un género que en Barcelona tenía una popularidad considerable, incluso compitiendo con Gardel. Diango recuerda concursos de niños cantores en la radio donde él siempre ganaba interpretando tangos.