La investigación apunta a un empleado infiel de un correo como pieza clave en la banda de "El Artesano". Este empleado proporcionaba datos de clientes, como Leo García, para que la banda pudiera falsificar documentos y solicitar créditos o tarjetas a nombre de las víctimas.
Se utilizaban datos reales con fotos de miembros de la banda para crear documentos falsos. Luego, acudían a financieras o bancos para obtener los préstamos, aprovechando la tecnología de verificación que a veces fallaba al no coincidir la foto con los datos.