Derinkuyu, en Cappadocia, ostenta el título de la ciudad subterránea más grande del mundo. Construida inicialmente por los hititas en el siglo VIII a.C., alcanzó su apogeo durante el periodo bizantino (siglos VI al X d.C.) como refugio contra persecuciones e invasiones.
Esta red de túneles y cámaras se extiende hasta 85 metros de profundidad y estaba diseñada para albergar a miles de personas con sistemas de suministro de agua y alimentos. Su descubrimiento y excavación han revelado su gran importancia histórica y arquitectónica.