Se debate el drástico descenso en el consumo de carne en Argentina, con precios que superan los 20.000 pesos el kilo para cortes básicos.
Algunos panelistas atribuyen la situación a la herencia económica del kirchnerismo, mientras que otros señalan que la caída del consumo es una tendencia generalizada que afecta a las carnicerías, muchas de las cuales han reconvertido su oferta a pollo.
Se discute si la estadística de consumo per cápita oculta la realidad de que los sectores de mayores ingresos consumen mucho, mientras que los de menores ingresos prácticamente no acceden a la carne.