Los ciudadanos expresan su resignación ante la constante suba de los precios, especialmente en el transporte público. La necesidad de viajar a trabajar se impone, obligando a realizar ajustes severos en otros aspectos de la vida cotidiana.
Se menciona que los gastos en salidas y ocio han sido eliminados o reducidos drásticamente, y que la capacidad de ahorro es prácticamente nula. La sensación general es de un ajuste continuo y una falta de perspectivas de mejora a corto plazo.