Pablo Gómez reitera su postura contundente sobre los delincuentes, afirmando que solo tienen tres destinos: la cárcel, la muerte o ser llevados a casa del ciudadano. Critica la defensa de los delincuentes y aboga por medidas drásticas.
Se menciona que la portación de armas por parte de la ciudadanía debería ser habilitada, con cursos de idoneidad en tiro, para poder repeler agresiones. Se compara la situación actual con la década del 80, donde los punguistas robaban en colectivos, y se destaca que hoy la delincuencia es más violenta y organizada.