La colaboración de Nabil Bakaly, uno de los sicarios de Taji, se convirtió en una pieza clave para la investigación policial. Bakaly describió los métodos de la organización y reveló el seudónimo bajo el cual el jefe daba sus órdenes, información que se volvió central en el juicio de Marengo.
Mientras tanto, Ridwan Taji dirigía sus negocios desde Dubái, un refugio para criminales de guante blanco. La investigación policial europea, estadounidense y australiana se intensificó contra las plataformas de comunicación encriptadas, buscando desmantelar redes como la liderada por Taji.