Surge un debate sobre la necesidad de que las fuerzas de seguridad y armadas cuenten con trajes de gala para eventos oficiales, a pesar de la situación económica del país y la dependencia del Fondo Monetario Internacional.
Se argumenta que el Estado debería proveer esta vestimenta como muestra de respeto y formalidad, mientras que otros consideran que existen prioridades más urgentes, como la adquisición de uniformes cotidianos para los efectivos, quienes a menudo deben costearlos de su propio bolsillo. La discusión se da en el marco de un evento conmemorativo donde el despliegue policial es considerable.