El debate sobre la renta universal se intensifica ante el avance de la inteligencia artificial y la posibilidad de un desplazamiento masivo de empleos.
Sam Altman propone un sistema de impuesto a las empresas tecnológicas para financiar un fondo de inversión que repartiría ganancias, estimado en $1300 dólares mensuales por familia.
Sin embargo, surge la preocupación sobre la pérdida de propósito y rol humano en una sociedad sin trabajo, un aspecto que también ha sido señalado por la Iglesia y por el cofundador de Antropic.